LA PULGA

Natascha, amiga y ex compañera de curso siempre ha sido bastante excéntrica, y tal como una vez me regaló una araña para el cumpleaños, le gustaba abrir moscardones, meterse por la manga de un brazo una rata y que apareciera por la otra o cambiar el azúcar de la sala de profesores por sal; cuando hicimos el trabajo voluntario de "reflejo condicionado" en el colegio, era inadmisible que a ella no se le ocurriera algo "diferente".

En realidad para su loco cerebro era imposible hacer cosas comunes y normales. Todo en ella era extraño, desde su familia, su forma de vestir, sus gustos, etc.; por lo que su proyecto de enseñarle a no saltar a una pulga -tarea difícil-, pues las pulgas se caracterizan por saltar lejos y hasta tres metros de una vez, no fue una idea extraña para los que la conocíamos bien.

Todos pensábamos que ella abandonaría su idea, tal como muchos dejamos rápidamente de lado las nuestras; por ejemplo yo nunca abrí el frasco donde estaba el grillo rojo al que le enseñaría a cantar o la Gaby Wahl nunca le enseñó algo al perro que se compró especialmente para tal efecto. Pero Naty se había tomado las cosas muy en serio y estaba absolutamente dedicada a domar su pulga, e incluso estaba pensando para después,  tener un completo circo de ellas y hacer funciones en el teatro "Diego Rivera".

Yo no podía creer completamente su nueva vocación circense, así que decidí ir a espiar a su casa unos días antes de la fecha de entrega, para ver cómo le iba con el entrenamiento o si todo era falso. Mis dudas se satisficieron de inmediato, pues llegó a recibirme a la puerta con su experimento en la mano: había colocado la pulga en un tubo de ensayo en forma horizontal y cada vez que esta saltaba, se pegaba y caía. Según ella de tanto chocar, no saltaría nunca más en su vida.

El cómo alimentaba al insecto fue lo que a mí me dio más curiosidad, pues en ese entonces no sabía que una pulga puede vivir un año sin comer nada. ¡Para qué se me ocurrió preguntar! Casi  me morí con la respuesta: se la ponía en la mano a su hermana para que la picara, por que según ella no le tenía alergia a las pulgas. ¡De esas dos locas no se hacía una normal!

Después de ese mes de arduo trabajo y muchas picaduras en la mano de la Erika, llegó el gran día: el debut de Natascha, pues era la única que había terminado el proyecto.

A primera hora de la mañana, ya se encontraba sentada muy orgullosa frente a su pupitre, con el tubo de ensayo en el que tenía en exhibición a su pulga, que se llamaba "Picaduras".

Cuando llegó la hora de biología, el profesor la felicitó por su constancia y dio un pequeño discurso, destacándola como ejemplo de para todos nosotros, que según él deberíamos haber hecho algo y no sólo dedicarnos a mirar, bla, bla.

Nuestra compañera nos había convencido a todos que el bicho no se movía desde hacía días y hasta el profesor lo creía firmemente, pues su mirada y actitud entregaban total seguridad de lo que iba a hacer, nadie podía dudar que todo resultaría perfecto.

El silencio reinaba en la sala, cuando sacó a "Picaduras" del tubo, la puso en su mano y antes de un pestañeo, la pulguita dio un inmenso brinco hacia quien sabe dónde y desapareció. Eso fue todo.

En el instante siguiente se armó un gran alboroto, todos se rascaban y gritaban seguros de tener el famoso bicho en alguna parte. Yo que soy alérgica me mantenía callada, incluso resignada, mientras la comezón me invadía, pues estaba convencida de tener la pulga, ya que tengo la mala suerte de ser apetitosa para ese tipo de insectos.

Permanecí el resto de la mañana asustada -aunque creo que todos lo estuvimos- y cuando llegué a casa empecé a sacarme la ropa desde la misma entrada de la casa. Papá miraba asombrado, Ber abría sus ojos tirándose el pelo, quizás pensaban que ahora sí estaba desvariando, pues fui dejando un reguero de ropa hasta la puerta del baño, que mamá recogía pacientemente sin preguntar.

Cuando estaba desnuda y un poco más calmada le conté mi historia e inmediatamente puso todo el uniforme en agua para que el bicho muriera ahogado.

Pero... en eso me llama Natascha y me cuenta que finalmente encontró a "Picaduras", que estaba en su calcetín. ¿Pero cómo supo que era la misma pulga?

¡...Muy simple, por que no saltó!

(c) Cuento Registrado en Derecho de Autor, Santiago año 1998 en un compilado, bajo el título "Cuentos de mi Infancia", prohibida su utilización sin citar autoría.

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