Cuidado!!! Ratas y bebés lactantes una mala combinación

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Antes de que nazca la Valentina ya me habían advertido, pero no me preocupé mucho de ello, al fin y al cabo tenía todo bajo control, y lo esencial, la limpieza de todo al 100%.

Una persona de cuidad como yo pensaba que era una historia del campo no más, de tantos mitos que rodean a la gente que muchas veces por bajo nivel cultural creen o relacionan cosas que no son.

Eso pensé yo cuando mi nana Roxana me habló de los ratones y las guaguas. “Tenga cuidado con los ratones en el invierno, se dejarán caer en su casa cuando tenga guagua, eso de los pañales y el olor a leche los vuelve locos”, me dijo, cuando nos rompíamos la cabeza pensando por qué la cabaña 5 de nuestros arrendatarios que habían tenido bebé recientemente, era asolada por ratones y/o lauchas por tercera vez, pese a todo el veneno y estrategias de desratización. “Pero bueno, la dueña de casa no era la más limpia, había mucha mugre y restos de comida, y se volvía loca echando nanas, ya creo que el problema fue también ella más que las nanas”. Por otro lado mi propia nana tampoco era de las más limpias del mundo, su casa no era un ejemplo, además con niños chicos, siempre había restos de comida por todos lados, sobre todo comida chatarra, las papas fritas, maníes, mayonesa, siempre andaban por ahí y son muy atractivos para los ratones. “Ella es medio cochinita” pensé yo, su casa no es un ejemplo de la limpieza, por lo tanto si a ella le pasó también, es por que la limpieza es poco prolija, ni comparado como en nuestra casa, todo impecable.

Y llegó nuestra bebé, luego el otoño, la lluvia y… los ratones!! Pese a las campañas de desratización, parecía que los ratones se empeñaban por atacar nuestra casa, ya que ninguna de las otras cinco cabañas sufría de los embates de los ratones. Dormíamos sentados con la luz prendida, escuchando rasguños y mordiscos en alguna pared cercana. Extremamos nuestras precauciones con la limpieza, alimentos, olores. Pusimos 2 gatos eléctricos, afuera de la puerta dormía nuestra gata Merkén de punto fijo, mientras el otro gato rondaba el jardín, como sabiendo que estábamos siendo atacados y había que vigilar. Mi guagua, extra limpia, cambiada de ropa al instante apenas había algo sucio con leche. Los pañalitos en bolsas cerradas. Pero bueno, una noche de lluvia al volver de la ciudad, nos encontramos con que nuestra nueva nana había hecho la limpieza y había desenchufado los gatos eléctricos… y pasó lo que temíamos. Entró una laucha que sólo dejó su huella en el desparramo de veneno para ratones que pusimos por toda la casa en los rincones preferidos. “Igual morirá” me dije, “y de seguro llevó más veneno al resto de su familia”.

Enchufamos nuevamente los gatos eléctricos, más veneno, revisamos diariamente los tubos con veneno alrededor de la casa para poner más si se lo han comido, y hemos logrado muchos avances, llevamos más de 1 semana sin nuevos ataques, pero ojo, la clave es:

- Guagua limpia siempre (día y noche), nada de olores a leche, si vomita y se ensucia, hay que cambiar todo lo que se haya ensuciado, nada de dejarlo hasta el otro día.

- Limpieza al 100% nada de olor a leche, caca ni pipí, (incluyendo a la ropa de la mamá que está amamantando).

- Gatos eléctricos (yo prefiero 2 o 3 por si acaso y hay que cambiarles constantemente el sonido para que no se acostumbren los ratones)

- Veneno afuera (puesto en tubos de pvc para evitar que las mascotas coman)

- Veneno adentro de la casa

Ya hemos podido dormir mejor estos días. Hace pocos días, cuando visitamos al pediatra, por supuesto que hicimos la pregunta, ya que como citadinos, nos costaba caer en “historias (histerias) del campo”. ¿Es verdad que los ratones atacan las casas con bebés en época de lactancia? El doctor nos habló que científicamente no se hablaba nada, pero luego de las miles de mamás y papás que hacían la misma pregunta que nosotros, él estaba en condiciones de afirmar que el olor a leche y sus asociados, atrae a los ratones, tengan o no tengan hambre. “No es la guagua la que los atrae, es el olor a leche y eso incluye a la mamá que es la que genera la leche si es que está dando de mamar”.

Aunque por lo general los ratones no atacan a las personas, una guagua sucia, con olor a leche, es muy atractiva. Mi mamá me cuenta que cuando era pequeña y estudiaba en una escuelita de un pueblo de la novena región (Chile), era muy común que sus compañeritas de curso que vivían en el campo llegaran con sus orejitas mordidas de ratón.

Volvemos a lo mismo, la higiene es la clave para evitar que un ratón hambriento se acerque a un bebé hediondo a leche, que no puede moverse para defenderse. No es común encontrar noticias de ataques de ratones, pero si tú lees este artículo y estás sufriendo ahora por tu bebé, no esperes que entren los ratones a la casa, actúa antes. Al menos yo no dejaría a mi guagua sola en otra pieza con olor a leche, y menos en este, su primer invierno en el mundo, más aun viviendo en el campo.

Escribí esto, ya que lo primero que hice fue buscar en internet, y no encontré nada relacionado y es bueno compartir las experiencias, aunque no todas sean las mejores.

 

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